El texto es un texto histórico-circunstancial, político y de fuente glo XVIII. Su autor es Bossuet, un clérigo que dedicó a predicar la mayor parte de su vida. Consiguió fama gracias a sus sermones fúnebres y en 1670 Luis XIV lo nombró preceptor del delfín, al cual le dedicó algunas de sus obras. Cuando acabó fue nombrado obispo de Meaux y más tarde Consejero de Estado. Intervino en la asamblea del Clero, combatió la Reforma Protestante, intervino en la querella del quietismo, criticó muy duramente el teatro y en su último periodo volvió con la predicación.
Tenía una ideología totalmente absolutista y siendo uno de los principales teóricos del sistema del Antiguo régimen, defendía la igualdad entre todos los hombres, pero creía que para mantener el orden, los hombres debían darle el derecho natural a regirse a un rey cuya autoridad era dada por Dios.
Bossuet dirige este texto al pueblo.
Está escrito en una época en la que todo se basaba en que tipo de familia habías nacido, donde la Iglesia y el clero tenían una de las mayores influencias de la sociedad y donde hiciese lo que se hiciese no se podía cuestionar al rey, ya que, como Bossuet pretende decirnos, el poder le había sido dado por Dios.
En aquella época, los de baja clase, como campesinos o a burguesía (que tomaría mayor importancia en la Revolución francesa) no tenían los mismos derechos que la gente perteneciente a la nobleza. Mientras que los campesinos se pasaban toda su vida trabajando para poder alimentarse a si mismos y a sus familias y vivían con miedo de, que si robaban un poco de pan, la horca les esperaría, la nobleza y el clero no temían por si ese día podrían comer o si reunirían suficiente cosecha como para pagar el diezmo y los impuestos. Por otra parte, daba igual si eras un burgués que tenía más dinero que un noble, tus privilegios y los suyos estarían igual, ya que, ese tipo de derechos se daba por familia. De esta forma no era de extrañar que, cuando el rey necesitaba dinero abriera un puesto para poder comprarte el título, aunque nunca serías igual de importante y valioso que un noble de sangre pura, ya no pagarías los impuestos y no serías juzgado de la misma forma que un campesino. Una vida sin más preocupaciones y rebosante de lujos te esperaba.
Pero todo este “perfecto” sistema debía estar regido por alguien, una persona cuyo poder hubiera sido dado por un ser mucho más superior, cuyo linaje de sangre fuera bendecido por la criatura más poderosa de la existencia. Y ahí era cuando entraba el rey, un ser tan poderoso y perfecto que solo con el hecho de decir que Dios era el que le había otorgado ese poder, era posible explicar tanta sabiduría y grandeza. El rey concentraba todos los poderes poderes sobre sus hombros, él decidía tanto como debía ser juzgada la gente como como debía moverse el ejército.
Es por eso que Bossuet pretende justificar el poder del rey, el porque no debe ser cuestionado, por el cual es el único que debe tener las cuerdas del país, diciendo que todo es obra de ese ser superior al que todos adoraban. De esta forma, nada podría cuestionarlo, Dios le había dado el poder por lo que es Dios quien quiere que sea así.
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